Cursos Virtuales
Trastorno afásico y anártrico en la niñez y en la adolescencia. Evaluación diagnósstica del lenguaje mediante la lectura y la escritura.
Opiniones y Conceptos

Los cursantes se expresan...
...le cuesta organizar lo que él entendió, confunde dos ideas del texto, pero considerando que el niño posee un cuadro anártrico, lo que es importante determinar son las secuelas fonológicas y morfosintácticas.

...si tuviera dificultades de elocución sería más fácil, el problema es cuando no se detectan y después surgen los problemas en la lecto-escritura.

Desde mi área (Educación Especial) hay un desconocimiento muy importante, en la educación común, de las dificultades en el aprendizaje y sus consecuencias.

La escuela tiene urgencias y, a veces, los padres también.

Hace 30 años que trabajo con trastornos de aprendizaje pero las maestras no estaban preparadas para detectarlos, o los confundían con vagancia.

¿Tiene la escuela una visión limitada acerca de cómo los niños construyen su lenguaje? ¿Se sigue considerando el lenguaje como un proceso singular y unitario? ¿Tomamos en cuenta las exigencias futuras? ¿Curriculum estrictamente didáctico? ¿Pueden los docentes comprender estructuras de pensamiento, advertir contradicciones, conflictos en el lenguaje de los niños? ¿Podemos recuperar la importancia de la narración como principio en la planificación? Ante el fracaso ¿le imponemos al sujeto desafíos significativos?

Cuando las cosas marchan bien, el desarrollo de la lectoescritura infantil sigue un ritmo progresivo, a veces con detenciones, a veces con saltos imprevistos, pero siempre en línea ascendente. Pero, en ocasiones las cosas no marchan tan bien. Los profesores de enseñanza media (e incluso terciaria) lamentan, a menudo, las dificultades que muchos de sus alumnos revelan al leer y al escribir. Dificultades que no sólo se evidencian en materias como lengua o literatura, sino que obstaculizan el aprendizaje de esos alumnos en general, dentro y fuera de la escuela.
Los maestros de grados superiores, comentan preocupaciones semejantes: “No les gusta leer”; “no comprenden lo que leen”; “escriben mal”.
Esta problemática es considerablemente compleja, convergen causas y efectos de distinta índole.

La asistencia de los niños a la escuela es, en nuestra sociedad, una experiencia tan corriente que pocos nos detenemos a considerar lo que sucede cuando están allí.
Los padres se preocupan por el condimento escolar, más que por su propia naturaleza.
Aprender a vivir en el aula supone entre otras cosas, aprender a vivir en el seno de una masa.
La mayor parte de las actividades se hacen con otros, o al menos en presencia de otros y esto tiene profundas consecuencias en la calidad de vida del alumno.
La adaptación a la vida escolar requiere del estudiante que se acostumbre a vivir bajo la condición constante de que sus palabras (su lenguaje) y acciones sean evaluados por otros. Se hallan inmersos como blanco de elogios o de reproches y son gobernados por personas que ocupan posiciones de una mayor autoridad.

Consulta: ¿Se debe considerar la insidia como cuestiones que asechan y obstaculizan la llegada de la patología detectada al tratamiento eficaz?

No es fácil para los padres tomar conciencia de la dificultad y abordarla, con todos los compromisos que genera el poner en juego la etiología (origen-causa) del problema.

No debemos olvidar que, para que el proceso de enseñanza-aprendizaje-lenguaje se pueda establecer, es indispensable que los niños tengan cubiertas las necesidades básicas de alimentación.

Cuando encuentra un alumno con dificultades de aprendizaje, ¿puede interpretar las manifestaciones clínicas como un trastorno del lenguaje? ¿Tiene en cuenta las habilidades de cada niño para proponer diferentes actividades propiciando el desarrollo de las mismas a través de diferentes canales?

En el aula, ¿se crea un clima donde lo primero sea el ser humano? ¿Se realiza el esfuerzo por erradicar las críticas, burlas, etc.?¿ Se crea un clima de confianza y respeto mutuo?
¿Se propician espacios para que el niño tenga una manera segura de expresar sus emociones negativas?

Recuerdo múltiples experiencias con mi nieto, donde él dirigía el juego y me asignaba roles para acompañarlo, y el lenguaje estaba siempre presente en la situación, sea para acompañar el desarrollo del juego, asignarme o cambiarme de lugar, o reclamar ayuda ante la dificultad.

Estoy de acuerdo con dicho concepto, de hecho en la clínica es habitual escuchar en entrevistas con padres “fue lento para hablar”, “le entendíamos nosotros nada más, pero después se compuso..., ahora le cuesta solo la “r”...”, etc.
El retraso en la adquisición del lenguaje y, luego, el desarrollo limitado del mismo que alcanzan muchos de estos niños, afectan los aprendizajes escolares. Las dificultades para comprender el lenguaje adulto y para expresarse, no favorecen la interacción pedagógica en la clase. Teniendo en cuenta, como ya se ha expresado, que el canal principal para transmitir conocimientos utilizado por la escuela es el lenguaje, mi inquietud y/o preocupación es: ¿está la escuela preparada para facilitar el aprendizaje de estos niños?

Es una escritura muy impactante desde el punto de vista visual y espacial. Impresiona que el niño conoce pero (no es así) sólo 4 grafemas: m, s, a, p.

La producción manifiesta correspondencia con la lectura presentada.
Si bien existen indicadores que podrían asimilarse a indicadores lingüísticos, como incoordinación en los tiempos verbales, en general la escritura es muy significativa desde lo práxico-manual. La grafía es totalmente ilegible con una orientación espacial particular y garabatos en la mayoría de las palabras.
Es una escritura muy contaminada, inestable y sobrecargada, especialmente, de ondulaciones.


Un niño con dificultades serias quedará al margen de todas las ideas y conocimientos que surgen a partir del intercambio con sus compañeros y docentes, por ejemplo, al inicio de una clase cuando el docente indaga las ideas previas sobre un determinado tema o ante actividades grupales.

La adaptación a la vida escolar requiere del estudiante que se acostumbre a vivir bajo la condición constante de que sus palabras (su lenguaje) y acciones sean evaluados por otros. Se hallan inmersos como blanco de elogios o de reproches y son gobernados por personas que ocupan posiciones de una mayor autoridad.
Uno de los que ocupa esa autoridad, el profesor, debe actuar como regulador que controla el diálogo en el aula, no poniendo en evidencia, ante el resto del grupo, una situación que pueda seguir entorpeciendo la dificultad latente del alumno con respecto al lenguaje.

De acuerdo a lo leído en la tercera clase, coincidimos en que, en la práctica cotidiana, observamos que los niños que presentan dificultades en el proceso de organización funcional de su lenguaje, se van distanciando de los aprendizajes, sufriendo restricciones en el conocimiento.


Por otra parte, el docente debe orientarlo hacia el deseo de construir su propio aprendizaje, deteniéndose a escuchar reflexivamente cómo habla el niño y cuál es su producción diaria.

La escasez de oferta educativa que contemple las alteraciones del lenguaje, hace que niños con estas alteraciones fracasen en el ámbito escolar, al no emplearse estrategias acordes a sus necesidades.
La propuesta pedagógica actual, en general, tiende a la acumulación de contenidos fragmentados, donde se apela a la memoria más que al razonamiento.

La escuela de hoy adaptó la educación y los conceptos a nuestra realidad.
Si observamos nuestras aulas: bancos en filas, alumnos tomando nota, conceptos que contemplan, en la mayoría de los casos, estrategias que tienen más que ver con la memorización que con la conceptualización, fragmentación de las clases, etc.
Se observa, en general, que los conceptos no responden a los intereses de los chicos, que no son significativos y que se encuentran alejados de la realidad.
Esto lleva a la desmotivación y falta de interés de los niños por los aprendizajes escolares.
Sumado esto, en los casos de los niños que presentan alteraciones en el lenguaje, quedan marginados o con serias dificultades en su escolaridad, ya que la base de los contenidos trabajados están en las áreas de lengua y matemática, donde es necesario la indemnidad del Sistema Semántico.


Otra situación habitual que aparece en las escuelas es el caso del niño que no habla en el aula con la maestra, pero sí lo hace en su casa o con sus compañeros. A menudo los docentes que se enfrentan con esta situación, no saben cómo abordarla, a tal extremo que no pueden evaluar los aprendizajes del niño y por lo tanto no le ofrecen situaciones adecuadas para lograr construir otros aprendizajes crecientes en complejidad.

No podemos negar la, a veces cuestionable, necesidad que parece tener el hombre de poner nombre a todo. De etiquetar, calificar. Y en esos nombres que damos decimos “especial”, “incapacitado”, “lento”. Y depositamos en el otro un significado. Y el otro asume esa identidad.

Es por esto, que hoy resulta necesario que el docente guíe a sus alumnos para que comprendan de manera activa y consciente el lugar en que se encuentran y el sentido de los textos que los invaden a través de los medios.

Al comenzar la escolaridad, el niño se encuentra con otras certezas, otros discursos; comenzará entonces a reconocer las diferencias y actuará sobre ellas, buscando la integración con sus pares y docentes.
Es importante que el docente interactúe con lo que el niño trae y armonice el camino recorrido con su intervención pedagógica, siendo el nexo del vínculo hogar-escuela.


Por eso creo que cuando estamos frente a un niño que evidencia dificultades en este plano, la investigación debe plantearse en forma retrospectiva y proyectiva, ubicándolo en su momento de desarrollo y maduración. Una de las cuestiones fundamentales es conocer cómo fue el desarrollo de su lenguaje oral que, quizás para las demandas de un entorno reducido era suficiente, pero al plantearse exigencias más complejas en la etapa escolar comienza a hacer evidentes las dificultades.

Nicolás comenzó 5º año con un antecedente de mucha agresividad hacia sus pares; venía rotulado como “el pegador” del grupo, con muchos problemas de conducta. Al comenzar las clases noté serias dificultades en lengua, y también que los problemas de conducta comenzaban cuando tenía que producir algún texto (cuando se evidenciaba su dificultad).

Como profesionales del área del lenguaje y de la comunicación, insertas en el sistema educativo, recibimos innumerables demandas de los docentes que hacen hincapié en las dificultades sobre discriminación articulatoria y producción oral de los educandos, poca iniciativa verbal, alteraciones en el ritmo de la palabra y de la frase, y la falta de estrategias y recursos para abordar estas problemáticas sistemáticamente.


Trabajamos con niños con N.B.I. (necesidades básicas insatisfechas de salud y vivienda) quienes carecen de la posibilidad de un abordaje terapéutico específico, ya que las zonas rurales no cuentan con profesionales especializados en los centros asistenciales.

El conflicto de sentimientos impide el aprendizaje. Cuando éste se resuelve medianamente, el aprendizaje es posible; para ello es necesario hacer del aula un espacio categóricamente social.
Dondequiera que éste se dé: la sala, el patio, la huerta, la plaza, la biblioteca, la cocina, el camping… Cada clase tiene su “andar”, su movimiento, su particular evolución, sus emergentes. Deberá ser siempre un lugar de encuentros, de demanda, de avance hacia el entorno, de significatividad, de forma tal que favorezca el respeto y la confiabilidad para observar, imaginar, descubrir posibilidades personales y grupales, hacer, crear…

Aquí, la escuela hereda el producto de un proceso de aprendizaje que se inicia desde una concepción de sujeto maltratado, con desventajas en cuanto a posibilidades de evolución, de sucesión de períodos de desarrollo y de actividades psicofísicas.
La intencionalidad pedagógica adoptada institucionalmente no puede quedar ajena a esta realidad. Estamos inmersos en ella.

El niño que transcurre su escolaridad con alguna dificultad lingüística, ingresa a su adolescencia en conflicto con el aprendizaje.
Este sujeto imposibilitado de interactuar, analizar y comprender los textos que se le ofrecen comienza a perder su interés por aprender, por formarse, tratando de escapar por el medio que sea de esta situación.
En el espacio áulico no concluye con las actividades, no estudia, se muestra apático con su entorno, resta importancia al hecho de concurrir a una escuela, expresa que sólo concurre a ella para estar con sus amigos.

Resulta fundamental comenzar mencionando la importancia de la detección temprana, ya que ella evitaría las graves consecuencias de llegar con dificultades en el lenguaje a la adolescencia. De acuerdo a todo lo planteado en el contenido de la clase, un adolescente o adulto con dificultades quedará excluido de la sociedad: no podrá estudiar una carrera terciaria o universitaria y conseguir un buen empleo. Es decir, las consecuencias son tan importantes que este adulto quedará marcado por el resto de su vida.

Coincido en que generalmente las dificultades en el lenguaje, más cuando son de grado leve o moderado, son adjudicadas a otras razones y no a una alteración en el lenguaje. En ocasiones se confunden con características propias de la edad, en otras se responsabiliza a la deficiente educación recibida en los ciclos previos.

Consideramos que el adolescente debe ampliar sus competencias lingüísticas y comunicativas para desenvolverse con soltura dentro de la sociedad en la que está inserto.

La problemática del adolescente con dificultades lingüísticas nos preocupa y consideramos que va mucho más allá de las simples atribuciones a una “edad difícil”, éstas reflejan que no hay una toma de conciencia real sobre la problemática planteada, aún en los educadores que trabajan directamente con ellos. Muchas veces, estas dificultades son el resumen de una historia cargada de fracasos y frustraciones que alimentan la hosquedad y el aislamiento, sumergiéndolos en la soledad y el abandono porque no logran comunicarse exitosamente con el medio.

Estos indicadores nos confirman que es el aspecto fonológico sintáctico del lenguaje el más comprometido. Sin descartar que en todos estos años se puede haber sumado un trastorno semántico leve, aunque es importante destacar que comprende el sentido subyacente de los refranes, capta el absurdo y el sentido de los textos. Tal vez los componentes emocionales puedan enmascarar algunos síntomas , ya que inevitablemente se suman a la dificultad de origen.

Por otro lado, la misma problemática del niño y luego adolescente, desgraciadamente, hace que las familias no actúen de manera propicia y lo ayuden, no intencionalmente, al aislamiento.
El hacer este curso ha provocado en mí un cambio en mis intervenciones como profesional que interviene en esta problemática planteada.

En mi experiencia laboral no he trabajado con adolescentes, siempre he trabajado con niños pero tengo en mi familia un adolescente que ha pasado por toda la situación expuesta en la clase.

Es de fundamental importancia la inclusión de la fonoaudióloga en este trabajo, pero ningún programa preventivo tiene éxito con la realización de acciones aisladas. La mera acción de la fonoaudióloga no resuelve un problema del lenguaje sin el compromiso del entorno familiar, educativo, social, político y de salud.

Esto resulta de la ausencia o inadecuado diagnóstico y abordaje terapéutico oportuno. El adolescente no sólo debe enfrentar su desorganización del lenguaje sino, además, la falta de contención del sistema educativo. La escuela no se encuentra debidamente informada acerca del lenguaje, como función psiconeurofisiológica y los docentes de manera no intencional desconocen acerca de esta problemática.

Queríamos transmitirles que el curso nos resultó muy interesante. El material que nos enviaron es muy comprensible y aplicable a nuestra práctica.
Nos hubiera gustado poder tener una mayor orientación sobre cómo ayudar al docente, cómo evaluar al niño en la escuela, ya que son las preguntas más frecuentes de los docentes.
Los felicitamos y esperamos poder incorporarnos en alguna oportunidad a otro curso, ya que esta modalidad a distancia es muy favorable.